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Vamos al banco de problemas
— by Flysmael Flysmael
UN BANCO DE PROBLEMAS... ¿POR QUÉ NO MEJOR UN BANCO DE SOLUCIONES?

Las dos últimas veces que traté de impartir a un grupo de científicos una idea consistente de lo que es la pesca deportivo recreativa cubana y los pasos que serían necesarios para su perfeccionamiento, una mano alarmada esgrimió sus dedos índice y del medio, retrayendo los restantes, e hizo el cómico gesto de los jugadores de piedra, papel y tijera, dando por terminada la exposición del pescador deportivo. Uno entiende, naturalmente, que después de pasar más de medio siglo empeñados en maximizar el uso de los recursos del medio acuático interior y los mares adyacentes, aumentando del modo más entusiasta el esfuerzo pesquero, limitando el curso de los  ríos para embalsar tanta agua que resultó exiguo el caudal que fertilizaba la plataforma marina inmediata; introduciendo especies altamente productivas, como el agresivo Clarias gariepinus y otros elevados fines para garantizar nuestra alimentación, la alimentación del pueblo, en base a pescado, y de comprobar que hay cada vez menos pescado en las aguas y que ha sucedido un fenómeno que un experto describió como “pescando abajo en la cadena alimenticia”, lo que significa que las especies objeto de captura son cada vez de menos valor, porque quien sabe si el lugar que ocupaba en la producción el pargo criollo ahora es ocupado por el patao; en suma, que  al cabo de tantos años de tal experiencia e inusitado protagonismo, de pronto algunos científicos pesqueros cubanos quieran fijarse en las potencialidades de la pesca deportivo recreativa, ahora que parece alejado el tiempo en que cualquier pescador aficionado podía ser confundido por un furtivo y criticado como tal, y que alguna atenta mirada descubrió en cierto momento que la flota de embarcaciones deportivas del país podían y de hecho lograban un nivel de captura que interesaba a la economía. Y en lugar de preocupar al Gobierno del país con un desempeño que no era propio de la afición, le vendieron la idea de que esa producción podía ser incorporada a los ciclos de venta de pescado, eliminando de paso las ventas furtivas, con lo cual se puso el pescado al mismo precio que lo vendían los “aficionados”, de modo que el comprador más necesitado  al cabo no gana nada en la ecuación. El resultado es que el concepto pesca deportivo recreativa se retiró de la flota y, si acaso, queda para aquellos que  aun matan el estrés pescando de orilla con vara y carrete, la vara criolla o el cordel a mano.
Desconocer los valores de la pesca deportivo recreativa es matar una tradición, matar las potencialidades de actividad de tiempo libre y como herramienta de educación ambiental. Y dejar fuera de posibilidades un amplio espectro de posibilidades en el orden económico.
Quejarse es opción pésima en cualquier caso: en los intentos científicos por asediar la pesca deportivo recreativa y monopolizarla para sus proyectos hay una brecha: la pesca por afición es primero que todo una actividad de carácter social, que posee elementos culturales que han sido pasados por alto en razón de su extrema cotidianidad, casi rutina, la aparente simplicidad de sus elementos; el aparente escaso valor de sus acciones, salvo la cantidad de pescado que hallaron los afectos a las estadísticas. Sin tomar en cuenta que los pescadores incorporan elementos al lenguaje y el anecdotario, actividades que poseen significación en contextos familiares y sociales, elementos materiales que son característicos del país, aunque desde una posición externa parezcan idénticos a otros de empleo universal, y una relación con el paisaje que puede y afirmo que tiene influencia en el conocimiento y la identidad que nos unifica, pues no basta que desde una perspectiva institucional y marcadamente académica se trate de capitalizar una tradición que todavía no está suficientemente documentada.  
Podríamos, en este espacio, dejar las teorizaciones y los razonamientos precisamente a la gente de tan elevado saber y dedicarnos a discutir sobre nudos, anzuelos, épocas y carnadas para coger tal o cual peje deportivo... Pero no es lo que resuelve los problemas. Y sin una participación de los aficionados, con su vocación, afición, saber y percepción de los problemas, todo lo que se logrará en varios años de investigaciones, usando los recursos del país o la ayuda de oportunos y solidarios colegas y partners que no dejarán de aparecer, es que se conozca el estimado de pescado que capturamos a vara y carrete o a cordel, las carnadas más frecuentes y las horas que dedicamos a esta afición, algo que cuatro o cinco de nosotros, sacando cuentas de conjunto, podríamos hacer sin tantos gastos. Y si se trata de profundizar en cuestiones de la biología de los peces, tan solo esperamos que nos sorprendan a los que hemos podido leer a Poey, a Vilaró y Guitart.

Hablar de los problemas no es quejarse. No es sacar a la luz lo que nos molesta hoy, sin profundidad ni verdaderos argumentos, y pasar a otra cosa. Para ser sistemáticos es necesario examinar, con la memoria si no está a manos la  documentación necesaria, pero buscando métodos cada vez más responsables y técnicos, como las encuestas, los registros estacionales de capturas, la anotación de incidencias, la exploración de las fuentes históricas dispersas aun en décadas de publicaciones seriadas.

¿Qué no es propio de internet esperar una actividad de análisis y cierto nivel de compromiso, cuando la mayoría de las personas busca en la red entretenimiento y se identifica con seudónimos? Algo se ha de lograr y será siempre mejor a esperar que sean otros los que definan los problemas..., para quejarnos luego de lo que no tuvieron en cuenta. Consta que ofrecimos trabajar de conjunto. Lo que no podemos hacer es dejar de contribuir, si en algo, aunque sea poco, podemos participar, ofrecer una experiencia, un dato, sugerir una fuente  que pueda ayudar. Planteábamos la creación de un grupo de estudios, sin pedir absolutamente nada a cambio, y nos quedamos con la memoria flash levantada en alto, por gusto.

Pero queda este espacio. Lo primero es generar un Banco de problemas que identifique plenamente las necesidades de acción en el terreno de la pesca deportivo recreativa cubana. Las críticas lloverán. Pero tanto entre los aficionados cubanos como entre las personas cuyo oficio es la toma de decisiones en este país, hay inteligencia, sentido de responsabilidad y compromiso.

Un amigo me alertó de que tal vez podría ocurrir alguna vez que CUBANOS DE PESCA fuera borrado de internet. Técnicamente es posible. Pero una vez que las personas han alcanzado a percibir una idea nueva, un punto de vista que puede iluminar la rutina, dar relieve a lo que parecía insignificante, nunca faltará alguien que retome el análisis, cambie las reglas del juego.

Sean bienvenidos a conversar bajo esta línea: “Banco de problemas”.

Ismael León Almeida