kayak y float tube

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kayak y float tube

Flysmael
Administrador
El Banco de Problemas a debate (6)

A las tensiones en la práctica de la pesca por aficionados nacionales debido al empleo de balsas rústicas hemos propuesto como solución las siguientes iniciativas, cuyo cumplimiento dependería tanto de decisiones de Gobierno como de la voluntad consciente de los aficionados –o sea, nosotros- de hallar soluciones que tiendan a la legalidad, a la promoción de una afición inclusiva y espontánea y a prácticas amigables con el medio ambiente:

a) Someter a estudio esta situación, cuya extensión en el tiempo es ya considerable, tomando en cuenta la antigüedad de los instrumentos legales que han intentado contenerla.
b) Examinar la opción de permitir la entrada al país de embarcaciones personales tipo kayak y “pato” o float tube, importadas por particulares o adquiridas por el estado para su venta.
c) Establecer las regulaciones que correspondan para el normal funcionamiento de la nueva situación.

KAYAK Y FLOAT TUBE O “PATO” ¿SÍ o SÍ?
Los estadounidenses, la funcionalidad de cuyo lenguaje conocemos, les llaman float tubes; los españoles, que se las apañan con los símiles, les dicen “patos”, seguro porque vistos en la distancia es lo que les parecen, flotando allá entre los juncos de las distantes riveras. El kayak, claro, es kayak, no sé si un invento inuit o groenlandés, pero el nombre se ha salvado de reinterpretaciones idiomáticas. En definitiva, de lo que se trata es de lo mismo que nos inventamos nosotros allá por los ochenta (¡o antes!), cuando construirse una embarcación se hizo un asunto muy muy complicado, luego muy complicado y caro, y luego complicado, caro y peligroso. Ustedes saben.
La cuestión es, si vamos a enfocarnos en el momento actual, que es necesario enrumbar la pesca deportiva cubana hacia un estatus de modernidad, que significa buscar coherencia entre los valores de esa actividad, los procedimientos aplicados en su práctica, el establecimiento de normas y reglamentaciones apropiadas (más el consenso en torno a ellas) y la conciencia de que jugamos con algo que ya no es igual a hace cincuenta años ni mucho menos igual a hace un siglo, que  son los recursos de las aguas, un concepto que se vuelve un ciento por ciento más sensible si se trata de las aguas interiores.
Sabido es que la pesca en balsas, que apreciamos y practicamos hace mucho, posibilita el acceso a escenarios de pesca más propicios y sin dudas a veces muy diferentes en sus posibilidades a lo que las orillas pueden ofrecernos. En los embalses, porque muchas veces las orillas están llenas de manigua, o son impracticables por desniveles de terreno, etc., pero asimismo porque aguas adentro se hallan pesqueros de considerable interés, entre los cuales no se pueden descartar, precisamente..., esas orillas impracticables desde tierra. En el caso del mar, contamos con la escala de profundidades y la diferencia de fondos, que ofrecen oportunidades para distintas pesquerías.
Acceder a las diversas posibilidades distantes de la orilla es un acto que requiere de un medio flotante, sea una embarcación ―la mayoría de las cuales hoy día se dedica a la pesca comercial, pese a su clasificación oficial como Lista Quinta o de recreo―, o una balsa construida con un neumático apropiado, o con un bloque de poliespuma. La cuestión es que estos “artefactos flotantes” o “balsas rústicas” no son bien vistos por la ley y a veces alguna prensa los ha criticado. No hay, que sepamos, un estudio de esta forma artesanal de navegación, que investigue su tipología, sus procedimientos de pesca, su impacto ambiental, o los niveles de peligrosidad que hayan sido comprobados. Es decir, los criterios del rechazo parecen más bien estéticos y nada científicamente establecidos.
Ahora bien, desde la experiencia y el conocimiento que como comunidad de aficionados a la pesca hemos podido reunir ―y esto es lo favorable de dedicar a un asunto una revista, un boletín o un foro en internet, que preserve información y permita re-visitarla y discutirla―, el desplazamiento durante las pesquerías es una práctica perfectamente compatible con nuestras tradiciones (léase, por favor, el relato “Una pascua en San Marcos”, de Ramón de Palma y Romay, primer tercio del siglo XIX), y con los usos universales de este entretenimiento. El Decreto 103 de 1982 y la Resolución 185 de 1992 reforzaron la ilegalización de “neumáticos, cámaras, balsas y otros objetos flotantes”, a la vez que acceder a bordo de una embarcación recreativa, en los casos  en que esto era posible, requería del carné de pescador aficionado. Pero no crearon una alternativa aceptable para garantizar la continuidad de la tradición, permitir que el disfrute de un valioso tiempo libre llevara todavía el componente de prácticas culturales que se manifiestan en métodos e instrumentales empleados para pescar, en lenguajes y anécdotas que forman el entramado de la psiquis de un pueblo que a veces parece extremadamente continental, extrañado de su condición insular.
¿Por qué hemos demorado tanto en asumir una respuesta cultural a las férreas limitaciones de la ley? (no hablemos por ahora de exhortaciones costeras extra-lēgᾰlis): Porque hemos extendido demasiado la justificación de la necesidad en nuestra razón de supervivencia. Coger pescado para comer y sobre todo, coger pescado para vender, ha echado a un lado la posibilidad de pensar en función de la pesca con sus múltiples y útiles valores como actividad de tiempo libre: ya nos extenderemos sobre ello.
¿Entonces? Entonces hemos asumido la modernidad en múltiples extremos de nuestra vida doméstica [¿domesticidad?]: equipos de música, celulares, computadoras, internet, modos de vestir, símbolos de prosperidad y de estar a la moda, etc. Pero el mundo pasa a nuestro lado, real y metafóricamente, y con un poco de curiosidad y a veces un intento de entender lo que nos interesa en inglés, vemos que la pesca deportivo-recreativa es un recurso que para otros pueblos no tan ajenos es una solución cuando faltan otras opciones de desempeño en la economía, pero están al lado las aguas y poblaciones de peces más o menos preservadas (otro tema para desarrollar).
Si los “neumáticos, cámaras, balsas y otros objetos flotantes” son inapropiados en el contexto legal del país, ¿lo serán también los kayaks y “float tubes” o “patos” que los aficionados del mundo emplean? Hagamos un examen del tema y, por favor, si tenemos de vez en vez algo de tiempo de acceso a la red, busquemos información acerca de estos medios, que incluya características de los respectivos implementos flotantes, precios, fabricantes, normas de seguridad, requerimientos legales, etc. Informarse es el primer paso para hallar soluciones. Alentar la gestión del conocimiento, pide el país: contribuyamos.
Bien. Les dejo como muestra de lo que supongo parte del saber que por el camino hemos ido perdiendo, este plano de un kayak  que el guía de pesca y redactor Emilio de Mesa publicó en 1945 en la sección Yates y Pesca de la revista Carteles.