capturar y soltar o...

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capturar y soltar o...

Flysmael
Administrador
El Banco de Problemas a debate (2)

El texto del Decreto Ley 164, Reglamento de Pesca ofreció una visible cobertura legal a los enfoques de consumo y comercialización de las capturas de peces resultado de pesquerías recreativas, lo cual no sólo desvirtuó la norma como generadora de conducta, sino ofreció justificación para acciones privadas y estatales que desvían el sentido y la importancia de una pesca recreativa eficientemente aprovechada en función del tiempo libre. Véase los siguientes artículos:

Capítulo I - Disposiciones generales
6. Pesca deportivo-recreativa: es la captura de organismos acuáticos para el consumo doméstico sin que medie ánimo de lucro, con fines recreativos y de esparcimiento y con fines competitivos.

Sección 2- Pesca Deportivo-recreativa
Artículo 39.- Los productos de la pesca deportivo-recreativa son para el consumo personal o familiar y no podrán utilizarse con fines de lucro.

Artículo 40.- El Ministerio de la Industria Pesquera de conjunto con el Ministerio del
Comercio Interior y en coordinación con los consejos de administración provinciales podrán autorizar la comercialización de los productos de la pesca deportivo-recreativa, determinando su destino de consumo, sujetos al control sanitario, inspección y correspondiente pago de la licencia.

PROPUESTA: El consumo y comercialización de peces capturados no son atributos específicos de la pesca deportivo-recreativa. La Ley establecerá con el mayor detalle aquellas especies, tallas y cuantía de ejemplares que puede apropiarse el aficionado tanto en sus pesquerías privadas como en competencias. Se alentarán las prácticas de pesca en base a capturar y soltar.

¿CAPTURAR Y SOLTAR?
Óiganme: Qué fácil entendieron hacia finales de los pasados noventa la necesidad de introducir las normas de capturar y soltar aquellos competidores del famoso Torneo Internacional de la pesca de la aguja «Ernest Hemingway», nuestra más publicitada tradición del arte piscatorio. Tan solo necesitaron tres años para decidirse, y lo hicieron, vale decir, gloriosamente. Lo primero que hicieron fue endurecer las reglas de pesaje, determinando límites mínimos de talla de ejemplares para que fueran declarados válidos por los jueces. Una equivocación y el pez desembarcado en la marina era simplemente descalificado. La pérdida de puntos era onerosa y si en algún concurso quiere alguien dejar su nombre escrito, es en este.

Pero si aquella es una cita internacional y turística, no por ello dejamos los aficionados de tierra adentro de innovar en la modalidad conservacionista: se hizo el torneo Todos estrellas de la Pesca del Bass en el embalse Hanabanilla, Villa Clara, en 1998, con jueces de pesaje en puntos accesibles para aquellas lanchas excelente que quién las vio no las pudo ya jamás olvidar. Y se solaron las truchas, una tras otra. Y cuando el Parque Nacional Ciénaga de Zapata, como saldo de criterios aun no  superados por ninguna iniciativa, generaron en 2006 el proyecto de educación ambiental que se materializó  como el torneo de pesca a mosca Zapatafly, aprendimos a tratar con muy finas consideraciones a cada macabí, para dejarlo medido o pesado y verlo irse coleando de sorpresa en aguas inigualables.

Lo hicimos – y – bien. Dos citas con deportividad, intercambio de conocimientos y difusión del sentimiento ambientalista, que no es una moda verde, sino un sentido de responsabilidad y compromiso. Responsabilidad y compromiso generados desde la óptica de cubanos como cualquiera otro. Pensamiento con perspectiva. Entender, en ambas ocasiones, que nada podía superar la experiencia vivida, el valor estético de las montañas del Escambray, en el primer caso; el de los desmesurados flats de Las Salinas, en el segundo. Sólo lamentar que no hubiera una mentalidad lo suficientemente enraizada en el sentimiento de país, en quienes somos, en lo que valemos y merecemos, para que ambas experiencias fueran actuales hoy día, como lo es el Hemingway internacional. Y como éste, ambas, el torneo de la trucha, teniendo como competidores a los campeones cubanos de la modalidad, y el de la pesca a mosca, con el montón de novatos que ya nos sentíamos capaces de lanzar la mosca delante de cualquier celebridad de esta disciplina (qué decir de los muchachos que fueron nuestros alumnos en 2007 y los que se formaron en los grupos infantiles y juveniles de Machito, Felipe y otros instructores).

¿Qué se siente cuando se suelta un pez? En primer lugar, un poco de desconcierto, porque en los genes tenemos el cazador proveedor de la especie que somos, el homo carnicus. Luego la sorpresa, de que no lamentemos verlo irse. Después, la preocupación de si estará realmente bien para seguir su vida de pez, que reclama estar apto para el acecho y la acometida de los depredadores y toda esa competencia que es típica de su medio. Y por ese camino, el orgullo de haber entendido un nuevo punto de vista en nuestra relación con la naturaleza. Que el sentimiento de especie superior, dominadora del planeta, es simplemente suicida.

¿Por qué soltar un macabí? Primero, porque su valor como alimento no alcanza ni con la mejor pulpeta que alguien cocine, a la maravilla de su lucha frente a la tensión del sedal, esa arrancada veloz y distante, esa belleza de animal que nos está diciendo el derecho que ha sabido conquistar de vivir en una zona tan excepcional de los litorales del mar, donde una primera mirada, desde el conocimiento rutinario de un aficionado a otras áreas, nos hará creer que no hay nada allí, hasta que alguin sabido y escribido en aquel sitio apartado de pueblos y carretera nos hace notar allá, a doscientos metros, la uve rizada en la superficie que apunta hacia donde estamos. Ahí viene pez. Y viene.

¿Por qué soltar una trucha? Bien, si encuentras todavía alguna que valga la pena, ni siquiera haría falta el argumento. Podría decir que en alguna época algunos que sabían bastante del tema llegaron a considerar que en Cuba estaba el récord mundial de la especie, Lobina negra boquigrande, Micropterus salmoides, que se había establecido con marca de 22 libras y cuatro onzas en un lago de Georgia, Estados Unidos, en 1932. Y sobre este pez, introducido en 1938, se llevó a levantar un producto turístico prestigioso, llevando a medios especializados del mundo nombres de acuatorios nuestros: Laguna del Tesoro, Hanabanilla, Zaza, La Redonda, Cuyaguateje...

¿Por qué soltar un sábalo? Preguntarse más bien: ¿Para qué comerlo? Por lo demás, ya podrá responder quien lo haya pescado a vara y carrete y vivido sus saltos y su fuerza descomunal.

¿Por qué soltar una biajaca criolla? Porque es un pez autóctono nuestro, una especie singular que es capaz de vivir en cualquier cuerpo de agua dulce en el archipiélago, tan bella en sí misma que algunos la aprecian para la cría en peceras. Y como pez deportivo es fabuloso, cuando ataca un señuelo artificial manejado a spinning, y qué decirle de una mosca echada al agua con fino tacto. Y hay que soltarla, sobre todo, porque la dura competencia que recibió de una prima suya, la tilapia, que colonizó tan ampliamente nuestras aguas que ya nadie puede decir, como cuando éramos chicos, vamos a pescar biajacas. No. Ahora, si acaso, hay quien dice que va a pescar clarias. Porque la tilapia, aunque ahora la que se coge en la vara criolla es pequeñaja y a veces en montones, en realidad es también un cíclido que crece más y es más agresiva que su pariente cubana, y si compite poco por la alimentación, sí la desplaza en cuanto a la ocupación del nicho reproductivo. Y encima las aguas también son un problema, si se observa cuántas lagunas desaparecidas y arroyos convertidos en canales de albañales.

Algo puede hacer la legislación, cuando los límites de capturas deportivo-recreativas se establezcan en la pesca sobre la base de número de ejemplares y tallas mínimas, no sobre la base de un peso global aleatorio de captura diaria, en el cual puede ser tan legal un saco de alevines de truchas como una trucha que rompa el récord mundial.

Capturar y soltar es un modo de entender la pesca que tiene que ser incorporado a nuestra idiosincrasia. Ni más ni menos. A los competidores del Hemingway Internacional les llevó tres años asimilar cautelosamente el método, pero nosotros hace más de dos décadas lo hicimos por primera vez en Hanabanilla, sin convocatoria ni compulsiones de ninguna clase, y el ejemplo no ha servido de nada, porque a quienes había que convencer no es los que estuvieron allí ni a los que se involucraron, deslumbrados, a la experiencia de Ciénaga de Zapata. Y solo tenemos la voz.




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Re: capturar y soltar o...

Edelquis
Hola amigo, seria una muy buena práctica en Cuba, aunque muy dificil que nosotros los cubanos podamos implementarla, tenemos la mentalidad de llevarnos cuanto pez sacamos del agua, en este tema
http://cubanos-de-pesca.5456.x6.nabble.com/Comienzo-de-la-temporada-de-la-trucha-td4987623.html, se aprecian muy pequeños ejemplares de black bass o trucha, es un poco lamentable. Saludos.