banco de problemas: Deportividad

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banco de problemas: Deportividad

Flysmael
Administrador
El Banco de Problemas a debate (1)
DEPORTIVIDAD EN LA PESCA RECREATIVA: ¿DE QUÉ TÚ HABLAS, ISMAEL?

En el primer punto del Banco de Problemas de la pesca deportivo recreativa cubana, que no llegamos a exponer en la reunión del Sheraton Four Points del pasado 6 de julio, planteábamos:
El factor competitivo, característico de los certámenes de pesca y de habilidades de lanzado, entre otros posibles, ha centrado el enfoque administrativo estatal de la pesca deportivo- recreativa, que históricamente ha dado prioridad a la organización de eventos deportivos y las estadísticas participativas, desestimando el factor ambiental de las prácticas de pesca y otras potencialidades de carácter social de esta afición.
Como solución, proponíamos relacionar la pesca deportivo-recreativa cubana con las instituciones medioambientales del país, en particular el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Sería este un enfoque realista, que posibilitaría expandir las prácticas conservacionistas en nuestra afición, tributar información que ilustrara el estado del recurso peces y medio acuático hacia instituciones capaces de procesarla y convertirla en medidas prácticas, y generar iniciativas de educación ambiental a partir de la práctica de las pesca recreativa y sus manifestaciones como deporte. Ahora bien, ¿se ha esclarecido en medida suficiente qué es la deportividad en la pesca?

En efecto, en los debates acerca del concepto de pesca deportivo-recreativa, de deportividad y otros asuntos asociados a prácticas realistas cuando estamos impactando en un recurso natural tan sensible, solemos llegar hasta el sarcasmo. Un amigo y por mucho tiempo compañero de club de aficionados a la pesquería, cansado sin dudas de las argumentaciones de este autor tratando de favorecer un despertar en este entretenimiento, para dejar de ser tan admirativos de los logros ajenos y construyéramos los nuestros, llegó a decir:

― Aquí lo que hace falta es coger pescado, ¡qué tanto intelectualismo! ― y es, por cierto, este querido colega, alguien dotado de algunos saberes técnicos, pues es capaz de coger un macabí y mediante un procedimiento especial que ha llegado a dominar como nadie, convertirlo en una pieza de artesanía que se ha usado como valioso trofeo... para premiar a pescadores que han cogido sus macabíes y los han soltado vivos a continuación.

Las carencias se meten muy profundamente en la mente de las gentes, penetran su psicología, probablemente, muy probablemente, llegan a sus genes. No otra explicación le encuentro a que varias generaciones después de la que sufrió la hambruna de la década del treinta en este país, todavía algunos sean incapaces de reconocer la harina de maíz como un alimento agradable y válido culinariamente. Pues no: “¿Harina? ¡pa’ los pollos!”. Y sólo les faltaría decir, “¡Qué tanto intelectualismo!”, al que les argumente valores nutricionales y agradables posibilidades de este alimento que por tantísimas eras ha acompañado a los seres humanos.

Referirnos a la pesca amateur como “deportiva” o “recreativa” no debería llevarnos a un reflujo de dudas. No, si quien habla es un aficionado que ha tenido contacto temprano con esta actividad de tiempo libre, lo cual no es nada excepcional en este archipiélago donde las aguas son protagónicas en todo su perímetro, jamás demasiado distantes para una buena pesquería, sumamente diversas en las potencialidades que brinda sus diferentes características, sean aguas abiertas, litorales bajos de esteros y manglares, desembocaduras o los fabulosos flats tan tarde conocidos por quien esto escribe.

Verdad que toda la vida, desde que era uno un muchacho y abuelo nos llevaba a un canalizo de la costa a coger biajacas con una cañabrava aparejada con curricán, se supo que coger pescado, freírlo y comerlo era complemento del pasatiempo del fin de semana. Y parece que la tendencia viene de lejos, porque en breves noticias de arribazones del pargo leídas en periódicos de 1850 ya la palabra “aficionados” y el gusto de comer el excelente pez de nuestra tradición venían asociados. Negarlo sería crear un nuevo fundamentalismo, en este mundo tan extremado de tendencias ídem.

Pero hay ciencia y advertencia en esto que ya resulta imprescindible: estamos más urgidos de un tiempo libre de calidad que de un pescado en la mesa. Y la oferta de un tiempo libre de calidad puede ser más valiosa, incluso en términos pecuniarios, que el expendio legal, semilegal o no legal de pescado.

La deportividad es parte de la pesca por el sólo hecho de que su práctica persigue en primer lugar ese disfrute. Es un nombre asociado y no es menos ni más aceptable que el término pesca recreativa. Significan lo mismo y pretender una redefinición es solo un motivo interesado. Pesca deportivo-recreativa es la definición conjunta y no significa necesariamente que la normatividad de sus reglas tenga que provenir de instituciones del deporte. Son los pescadores aficionados los que en todas las épocas han hallado y promovido reglas de competencia o de establecimiento de récords para garantizar su validez, la honestidad de su práctica y la posibilidad de que los resultados sean medibles y homologables. Son los pescadores aficionados, desde que la abadesa Juliana Berners escribió el primer libro sobre pesca, desde que Izaak Walton publicó ese fenómeno editorial que es The Compleat Angler, desde que en tierras ibéricas fueron descritas las formas de montar moscas en el Manuscrito de Astorga o Los diálogos de Fernando Basurto, y estamos hablando de los siglos XV-XVI-XVII...

Si los cubanos nos empeñamos en asociar la pesca a organismos deportivos, algo que sucedía ya antes de 1959, es porque habríamos estado muy apresurados en coger los avíos e irnos al agua y no dedicamos demasiado tiempo a meditar acerca de esta afición. Es una reacción muy tropical: “¡Qué tanto intelectualismo! El caso es que si una institución tiene que ocuparse de la pelota, del básquet, del voleibol, de empeñarse por años en crear una tradición que generara competidores en bádminton de nivel internacional, de desarrollar el más universal de los deportes, etcétera, ¿puede exigírsele que desarrolle la pesca deportivo recreativa?

Por supuesto que puede exigírsele. Lo que no puede exigírsele que rinda cuentas del derrotero que ha tomado esa afición, convertida en una fuente subrepticia de pescado, las embarcaciones deportivas llevadas por la necesidad y ayudadas por las normas a convertirse en flota de pesca comercial; de que hay, para quien es capaz de documentarse con lucidez y sentido lógico, un distanciamiento inapropiado entre las pesquerías recreativas que hacen en este país los turistas y las que podemos hacer los nacionales. Y de que nos cuesta entender que la pesca por afición es un vínculo interesado entre nosotros los humanos y el medio natural.

Competir es una de las potencialidades de la pesca por afición. Pero la deportividad va más allá de ganar un certamen o implantar un récord ―, modalidad esta, por cierto, abandonada desde 1990, a pesar de su utilidad como fuente de información para medir el estado de ciertas especies de peces, según los ejemplares que son presentados en la candidatura correspondiente.

Hay, por otra parte, competencias que ya han ensayado el método de capturar y soltar. Las hay que han limitado a tres piezas el pesaje diario. Pero de poco sirve si una y otra cosa se interpretan como: “no presentar más de tres piezas al jurado” o “soltar las agujas, pero se pueden guardar los otros”. Y son, en conjunto, cuestiones que tienen un nivel de especialización que nada tienen que ver con cuántos puntos damos a una aguja marcada, o ganan las tres piezas de más peso, o cualesquiera de las normas que contienen los reglamentos de competencia.

La deportividad comienza por el reto que nos permitimos cuando tenemos experiencia, de ver, como hacían algunos expertos en fechas muy tempranas, si es posible coger una albacora de 20 libras de peso mediante un equipo de spinning con línea de sólo 14 libras de resistencia, y estoy empleando un ejemplo a mano de los archivos, del año 1980 [Nota: el pescador se nombra Álvaro Álvarez Gispert, de río Almendares, en La Habana], porque un examen completo de los datos disponibles está aun pendiente.

Qué excelente si los criterios de deportividad que inspiraron tales registros los rescatáramos, alentáramos, los pusiéramos de ejemplo como reto a los nuevos aficionados, que no se sienten felices si no buscan un buen cordel de 25 o 30 libras de resistencia, de esos “calibrados”, “ultrafinos”, que nos aporta la tecnología, a la que somos tan fieles, porque lo esencial es que el pescado que pica tiene que ser embarcado. ¿Y la experiencia vivida? ¿Qué valor tiene el disfrute? ¿Pasarse un día completo de pesca para coger un solitario cibí, usando un equipo de pesca a mosca, tiene algún valor? ¿Y coger una biajaca criolla y soltarla, porque es especie emblemática de nuestras aguas interiores, cómo calificarlo? Pretender que  una pesquería a un sitio de calidad sólo es válida si nos acompaña una buena nevera, es una opción, ¿deportiva? ¿De qué tú  hablas, Ismael?