banco de problemas, 11

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banco de problemas, 11

Flysmael
Administrador
Buenas tardes, Sr. Inspector
Aceptemos que esta sugerencia va a ser mal recibida. Peor que mal. Que un día nos encontremos, en cualquier lugar del archipiélago donde vayamos a pescar, con un señor muy correctamente ataviado, formal en su trato y calificado en los propósitos para los que fue designado en sitio tan inusual como la orilla de un embalse, un tramo de río o un pesquero de pargos en medio de una madrugada de luna llena de junio, y verifique que nuestra relación con los peces y el medio en que viven marcha de acuerdo con lo que inteligentes legisladores, auxiliados por técnicos en cuya experiencia se halla el adecuado manejo de los avíos de pesca deportivo-recreativa, han determinado en leyes, resoluciones, reglamentos.
¿Qué criollo bien nacido va a estar de acuerdo en que le cuestionen la nevera llena de pargos criollos a reventar, una vez que haya entrado en vigor una norma nacional que determine que sean cuatro, cinco o únicamente dos los ejemplares por pescador que puede retenerse? No por ahora, que la cifra no ha sido establecida en Cuba del modo expresado, por número de ejemplares, sino por peso total, como ya se ha comentado en otro capítulo de este documento: cuotas diarias por pescador de 15 kg (33 lb) para las zonas de gran interés económico-pesquero, y hasta 30 kg (66 lb) para las de menor interés, de acuerdo con la resolución MIP 519/96.
La actualización de las normas de pesca para los aficionados tendría que ser uno de los objetivos de esos científicos que tan apasionadamente quieren tomar parte en el desarrollo de esta actividad. Uno de los primeros objetivos, de hecho. Y nada simple, si caemos en la cuenta de que las generalizaciones en este campo no van a funcionar: cada cuerpo de agua fluvial y cada área marítima habrá de ser vista como un sistema  con un equilibro particular, de ahí que algunos sitios permitirían cobrar unas especies de peces y otros no. En algunos se darán como válidas unas tallas y en otros serían diferentes. Para un lugar, tal número de ejemplares de pargo criollo o trucha boquigrande; para otros será menos. En unos sitios será válido cualquier procedimiento de pesca a línea y anzuelo, en aquel otro se vetarán los que emplean carnada, o únicamente se aceptará la pesca a mosca.
Algunos verán como saldo de tales ordenamientos una pérdida de libertades, porque han sido vidas completas, una generación seguida de otra y otra, creyendo que el medio natural de las aguas es la infinita estantería de un mercado gratuito donde nos servimos por la gracia de los avíos por los que pagamos y usamos con habilidad, sin tasa ni límite. Lo que ocurre en realidad es que algunos suelen desarrollar sus habilidades y dotarse de los recursos necesarios para servirse sin tasa ni límite, y el medio natural del archipiélago paga por ello.
Y no hablamos sólo de quienes en privado y desde la cobertura de la condición de aficionados aplican medios de captura masiva, practican la caza submarina en los embalses, sienten justificados sus fines en el declive del poder adquisitivo. Ya hallarán modo los científicos de averiguar si las prácticas de empresas de pesca establecidas van acordes a lo que el medio puede ofrecer de manera sustentable, o si los todavía en su limbo legal pescadores comerciales privados deben ser asumidos únicamente por el aporte que realizan a la alimentación del pueblo, o si los sitios donde pesca y las poblaciones de peces que explotan forman parte de un recurso que pertenece a todos y debe gestionarse de modo racional.
La pesca deportivo recreativa cubana requiere de un cuerpo de inspección especializado y exclusivo. No es un nuevo invento: existen dondequiera que la pesca por afición tiene un valor reconocido por la sociedad, con más razón en cualquiera de aquellos sitios donde este entretenimiento está organizado sobre la base de iniciativas económicas, en una cadena de relaciones que comienza en ecosistemas acuáticos saludables, a partir de los cuales se desarrolla un primer nivel de explotación del recurso (guías de pesca, embarcaderos, hostales, centros gastronómico, etc.) y se expande el efecto a las cadenas de producción territoriales: agricultura, cría de animales, transporte, centros de beneficio y distribución, con la creación de empleos y aportes financieros que podrían ser localmente apreciables, si estuviéramos hablando, por ejemplo, de un centro de pesca que aprovechara las potencialidades de lugares como el marítimo costero Cabo Cruz, en la provincia de Granma, o complejo fluvial Cuyaguateje, en la de Pinar del Río. Que el inspector requerido sea exclusivo para la modalidad a la que nos estamos refiriendo significa que los conocimientos de este funcionario abarcarían necesariamente las técnicas de pesca aplicadas por los aficionados, las regulaciones que el país haya aprobado en esta materia y la tipología de las contravenciones que ocurrirán, como ocurren, incluso, en países de una cultura más antigua de práctica de la pesca por afición y sanciones de las que verdaderamente hacen nacer la voluntad de cumplir en el corazón de los violadores de normas.
Es hora de que las nociones acerca de la disminución de los volúmenes de captura comercial de un grupo de especies de la ictiofauna cubana, según demuestran estudios como La pesca marítima en Cuba, del Dr. Julio A. Baisre, sean interpretadas en función perspectiva, para promover el compromiso de la conservación. La pesca deportivo recreativa es un valor que nos pone en contacto con una parte relevante del paisaje nacional pero no es únicamente la apreciación estética, el disfrute del tiempo libre y el consumo de un delicioso filete de pargo criollo elegantemente ganado al cordel lo que constituyen nuestras atribuciones: con todo ello ganamos la obligación de proteger en beneficio de quienes nos seguirán en la inevitable cuerda de la existencia.
Los inspectores, calificados como se ha sugerido,  éticos como es inevitable que se conciban, instrumentados con normas técnicas, recursos de trabajo y autoridad, desempeñarían su papel para que las prácticas de pesca deportiva tiendan en Cuba a la recuperación de la salud ambiental y el eco-valor de nuestras aguas patrimoniales. También estarían encargados de que el disfrute al que aspira el aficionado y por el que en su momento también pagará, posea los valores que tiene derecho a esperar. Ya nos aclararán los empeñados  científicos, y los que optan por que ningún orden verdadero sea obligado para  servicio de la mayoría,  cuán largo es el listón que mide nuestras equivocaciones.