Banco de problemas, 13 y final

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Banco de problemas, 13 y final

Flysmael
Administrador
UN NUEVO MODELO PARA LA PESCA POR AFICIÓN EN CUBA
Dado que la pesca por afición combina en su praxis elementos de carácter social y no pocos de influencia medioambiental, en tanto el factor deportivo se reduce a una serie de metodologías típicas de tal actividad, sin amplia relación con aquellas disciplinas que todos identificamos sin margen de duda como deporte, es razonable y conveniente que enfoquemos el estudio de la que por tradición denominamos pesca deportivo-recreativa, a partir de los elementos que en ella poseen mayor peso, dejando a la decisión de las propias entidades sociales encargadas de su desarrollo la propuesta de normativas para la celebración de certámenes competitivos. Serviría como base de este propósito un fondo más o menos aprovechable de reglamentaciones de torneos celebrados en años anteriores en el país, aunque su actualización sería imprescindible para ajustarla a ópticas más actuales.
Optamos por sugerir que la organización de asociaciones de pescadores aficionados, para aquellos que estimen apropiado y satisfactorio pertenecer a tales agrupaciones, y sin hacerse obligatorio para cualquier otro, se permita por la ley se lleve a cabo con suficiente capacidad de iniciativa, de modo que no sea limitante que un municipio tenga un club, cuando en su población desean que sean tres, o diez, por cualesquiera razones: proximidad territorial, afinidad social, vocación por una técnica de pesca o un determinado pez, o por motivarles las pesquerías en un lugar específico... Y que sus miembros puedan ser del mismo territorio o del otro extremo de la Isla: ya se tuvo la experiencia en Ciénaga de Zapata, donde los excelentes resultados de un certamen de pesca a mosca llevó a motivar la propuesta de creación de un club nacional, bajo las pautas de la federación existente en su momento, que lejos de acogerlo vetó o aceptó vetar la iniciativa. El surgimiento de una federación de tales asociaciones sería resultado del natural proceso de mutuo intercambio y reconocimiento, conscientes las partes integrantes de la conveniencia para sus fines y para el país de tal unión.
El turismo de pesca debe hacerse accesible a los aficionados nacionales en la doble condición de gestores de iniciativas para tal oferta y de clientes de tales productos y servicios. Habrá que dar por hecho que las ofertas por larguísimos años existentes para el turismo internacional, administradas por turoperadores foráneos, quedarán como mismo se hallan, pero serán un acto coherente con el país que aspiramos a ser propiciar que los que amamos pescar y compartir con nuestras familias podamos disfrutar de tanto en tanto de pesquerías en condiciones apropiadas, sin complejidades organizativas o falta de confort.
Para asegurar que las pesquerías deportivo recreativas no representarán un factor estresante de los recursos de las aguas, sea la ictiofauna o cualesquiera otro organismos que en el medio acuático o incluso terrestre son empleados como carnadas, sería importante crear un entendimiento entre instituciones científicas y los pescadores aficionados para que las experiencias y datos registrados por estos sean aprovechados en el monitoreo y administración de tales recursos. No faltarán pescadores recreativos que ofrezcan sus propios registros para beneficio de la investigación, o los que acepten participar en prospecciones y estudios, colaboración tal que daría a estas indagaciones una elevada objetividad,  dado que la experiencia de los aficionado, incluso el entrenamiento visual que muchos exhiben, en su capacidad de interpretar los signos ambientales, representarían un valioso auxiliar investigativo, sin que dejemos de hacer notar que estudios de poblaciones de peces, realizados en base a procedimientos de captura diferentes a los deportivos, carecen en absoluto de valor para la adopción de conclusiones relacionadas con esta clase particular de pesca.
Debe eliminarse de toda legislación, normativa o reglamentación sectorial o  propiamente asociativa, las referencias a la posibilidad de emplear, con destino al consumo, capturas de peces en pesquerías de aficionados, mucho menos abrir brechas potenciales para su comercialización. Las normas de captura y retención de ejemplares que razonablemente se apliquen para diversos escenarios de pesca, a partir de investigaciones que se han de llevar a cabo a la mayor brevedad, serán las únicas normas en tal sentido, las que ofrecen toda la garantía necesaria para el cuidado de las especies entendidas en ellas. Se sobrentiende que las cuotas de captura que se establezcan serán por ejemplares, en el entorno de tallas que los estudios aconsejen, jamás por peso conjunto de la captura atribuible a cada aficionado.
Entre los efectos a mediano plazo del enfoque que proponemos, debe examinarse punto por punto la atribución ciudadana de acudir, para la práctica de la pesca por los medios lícitos para la recreación, a todos los espacios del territorio nacional donde las leyes hasta el día de hoy no han señalado obstáculo, como es el caso de la mayoría de las costas marinas del país. Debe  sugerirse el examen detallado de aquellos casos donde el acceso de los ciudadanos es evitado, valorando si en determinado margen es posible una reconsideración de la medida, dentro de condiciones válidas para la protección de los recursos naturales, de estudios ambientales en marcha y hasta por medidas de seguridad, todo establecido con transparencia. Es, en este contexto, digna de reconocimiento la inclusión en la Ley número 124 de 2017, Ley de las Aguas terrestres, del uso recreativo en tales espacios, atribución legal que abre un compás de potencialidades, en cuya expectativa los más antiguos aficionados no podemos dejar de asombrarnos de que por un muy largo tiempo, tan largo que es casi tiempo histórico, más que pasado, nuestras aspiraciones al disfrute de la pesca en los embalses del país estaba condicionada por la autoridad del desaparecido Ministerio de la Industria Pesquera, sin que jamás se nos ocurriera concebir que el interlocutor más lógico habría tenido que ser el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos.    
En igual sentido, el deseo de erradicar las balsas o “artefactos flotantes”, al que con tanto empeño se han dedicado algunas autoridades, debería ser acompañado por la autorización del empleo de medios como kayaks, los denominados “patos” o “float tubes”, que son balsas inflables, a la vez que la difusión de técnicas y medidas de seguridad para su empleo, además de dar a conocer aquellos sitios con condiciones para este fin. La disciplina en torno a este paso ganaría bastante si la sugerida oferta de turismo de pesca para el cliente nacional se llevara a cabo y surgiera la posibilidad legal de crear la opción de alquiler para pesca recreativa de aquellas embarcaciones de propiedad particular que cuenten con los requisitos que marque la ley. ¿Es necesario que subrayemos que nos estamos refiriendo en esta apelación únicamente al uso con propósitos de pesca deportivo-recreativa? Así es: única y exclusivamente con avíos basados en línea y anzuelo.
La socialización, mediante pautas renovadas, de la pesca deportivo recreativa en el país, acabará por sacar a la luz otras necesidades de la afición, como la adquisición de artículos de pesca –varas, carretes, líneas, anzuelos, señuelos, etc.--; de materiales informativos y divulgativos, sean libros, revistas, materiales en video, etc., que representarían además una valiosa fuente de promoción de imágenes y contenidos de los que el país no ha hecho un amplio empleo, al menos no en la medida en que los turoperadores y visitantes foráneos han promulgado desde sus correspondientes ópticas e intereses. La orientación y capacitación de los aficionados sería una parte de relevante valor agregado en los mencionados medios, aunque acciones docentes para este fin serían más que recomendables. En el orden formativo, habría que considerar, asimismo, a quienes se desempeñarán en su momento como ejecutores y guías de las ofertas turísticas para pescadores aficionados nacionales, a los directivos de clubes y asociaciones que sean creados y a los encargados del arbitraje en los eventos de las diversas modalidades de esta afición.
Agotar de modo personal este tema no es una opción para ninguno que se proponga realizar una propuesta como la que acabamos de  documentar. En el momento en que esta fue presentada por primera vez, consideramos aconsejable la creación de un grupo de trabajo autónomo, integrado por aficionados a la pesca de reconocida experiencia, que asesoraran en primer lugar a la dirección del país, para que fuera al más alto nivel que se adoptaran las estrategias correspondientes para seguir los estudios que son imprescindibles. Incluso se había pensado proponer como moderador a alguno de los que, en su desempeño en el sector del turismo afín al tema habían mostrado un entendimiento apreciable del sector aficionado. Pero posturas menos calificadas para el propósito mostraron, en contraste, una capacidad decisora más determinante, en el momento.
¿Por qué continuar?, diría cualquiera. Simple: porque los recursos naturales, problemas y capacidad de determinar quién participa o no en las propuestas de soluciones o el disfrute, no forman parte de la atribuciones que el país otorga a quién tan enfáticamente se negó a escuchar, o a quienes asumieron con su respaldo decisiones en las que solo parcialmente pueden participar. Basta ser un ciudadano, creérselo y ejercerlo.