Banco de problemas, 10: medios de información

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Banco de problemas, 10: medios de información

Flysmael
Administrador
Banco de problemas, 10: medios de información

LO QUE NO SE ANUNCIA...
Aquel nunca llegó a saber cuánto costaba imprimir el boletín Rascacio. Lo que más recuerda es que el papel había que tenerlo asegurado, porque el impresor, que operaba con agilidad una maquinita offset viejísima, siempre advirtió que papel no tenía. El Rascacio comenzaron a publicarlo en septiembre de 1980, con alcance provincial. En 1991 le propusieron se encargara de la edición al joven periodista que de tan insistente había logrado que aquellos antiguos líderes de la pesca deportiva cubana lo tomaran en cuenta, después de dar a conocer sus crónicas y comentarios sobre la afición al arte de los cordeles y anzuelos en Tribuna de La Habana, Trabajadores y Mar y Pesca.
Vocación, sin duda; o voluntad de educar y ganar adeptos en la población. Puede que  fuera una cuestión de amor propio aquella reiterada intención de tener un medio divulgativo, que en algún momento les cayó a los pescadores aficionados de la capital. O fue que la prensa formal no les estaba dando la modesta cobertura que creían les correspondía; o de tan modesta no les alcanzaba. El momento cumbre de cada año en los medios era la celebración del Torneo Hemingway, el principal evento en la modalidad, pero quedaba fuera mucho de los más practicado por la afición.
Puede que también ocurriera que, por años, la cuestión divulgativa era tan  cotidiana como el pan de la libreta, en centros de trabajo y de estudio: el mural, la radio base y el movimiento de corresponsales conquistaron no pocos aficionados al periodismo y alguno hasta llegó a estrenarse en una redacción. Y un boletín impreso en cuartillas corrientes de oficina  podía llegar a convertirse en un empeño experimentador que provocara incluso discusiones y celos por conceptos de prioridades informativas y conveniencias de divulgar o no tal tema, tal cuestión.
En la personal experiencia de quien esta página teclea ahora mismo, editar Rascacio durante dos años fue la preparación óptima para responder más tarde a los requisitos de revistas como Mar y Pesca, o la emergente Mar Caribe, o la innovadora Bitácora. El reto profesional era entender que el formato podía ser precario, la tirada escasa y el público lector limitado, pero la entrega al oficio tenía el deber de competir con lo mejor que la prensa especializada fuera capaz de ofrecer en el tema: la pesca deportivo recreativa cubana.
Un buen día, entregado el número 9 de Rascacio, que debía salir en septiembre de 1993, fue sorprendido el redactor, editor y director, o sea el mismo que escribía, daba las cuartillas a su mujer para que las mecanografiara, llevaba el material a la imprentica, recogía los pliegos impresos, los ordenaba, presillaba, llevada los ejemplares empaquetados por provincias en una carretilla de albañil hasta la sede de la asociación,  y distribuía una parte de ellos, reitero, fue esa persona que hacía todo aquello sin cobrar, por la secreta convicción de que lo que estaba aprendiendo le sería útil después, fue ese hombre notificado de que Rascacio no saldría más, por una disposición que tenía relación con medidas relativas a aquello que se llamaba período especial. El argumento de que el papel almacenado alcanzaba para varias ediciones aun, ¿sirvió de algo?
Pero aquel aprendizaje fue útil, a pesar de que escribir sin las estrictas pautas de una redacción oficial puede llevar también al fracaso, aunque sabemos de algunos a quienes lo ha llevado a la genialidad. En el caso presente fue más simple: hacerse de una herramienta expresiva que no tenía que ser de tan grandes expectativas, sólo decir lo preciso con las palabras justas, como aconsejan los maestros de la lengua. Y llegaron las buenas revistas ya nombradas, y el semanario Destinos, y la revista de la agencia IPS, y el recordado Cuban Review, que dio también su aprendizaje. Y en todos los reportajes de pesca eran bienvenidos, porque el tema entraba por la ancha y ornada puerta del desarrollo del turismo, tan en auge, en sediento auge, en aquellos años.
Después volvimos a los  tiempos normales. Y después apareció una computadora e internet en la mesa de trabajo, y estos espacios llamados CUBANOS DE PESCA fueron gestados. Pero la eficacia de los medios digitales es sólo tan amplia como el acceso a internet es el público al que se destina el mensaje. Incluso, se ha descubierto, cuando  se amplía el acceso a internet, hay factores que indican que no es acertado creer que el público vaya a satisfacer toda su necesidad de información en internet. Porque eso cuesta y porque las tendencias de uso de tal recurso se disparan hacia distantes e ignotos reinos del entretenimiento.
Luego, el modesto papel impreso tal vez sigue siendo  el medio más deseado para el intercambio de información sobre pesca deportivo recreativa cubana. Es decir, hoy  y aquí: para alcanzar al público que requiere la información de todo  tipo: las técnicas de pesca, las características de los peces en el orden deportivo y ecológico, los lugares de pesca, las necesidades de medios para este tipo particular de pesca, las recomendaciones para una práctica de la afición amigable con el medio ambiente...
Lo anoto como uno de los pendientes. Hasta que llegue el momento de una solución ideal, tal vez sería conveniente apelar a dar mayor presencia al tema en los medios periodísticos vigentes. Para lograr la mayor eficacia y profesionalidad en el tratamiento del tema, tal vez sería inteligente apelar a las recomendaciones de académicos y estudiantes de la Comunicación Social en el país, entre los que no faltarán quienes le aporten su calificada atención a la pesca recreativa. Y no es que lo que no se anuncie no se venda, es que lo que no se conoce difícilmente pueda ser útil.