Banco de...Nadie es turista

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Banco de...Nadie es turista

Flysmael
Administrador
Nadie es turista en su propia tierra, ¿o sí?

Hubo un tiempo en que tener un amigo extranjero era un problema: nunca faltaba alguien que tomara nota del asunto, y cualquier día se lo echaban en cara. Algo serio. Pero todo cambia y llegó el día en que el turismo se convirtió en la locomotora de la economía. Con la leyenda de Hemingway metida en la cabeza de los pescadores de allende el mar, no hubo oportunidad de venir a la Isla que no fuera aprovechada por muchos aficionados al arte de la pesca. Al principio, todo era la pesca de la aguja la altura del Morro, o la pesca de la trucha en la Laguna del Tesoro; luego alguno trajo la pesca a mosca y apareció también esa oferta en nuestro turismo internacional.

Todo se puso en marcha en un momento de calma, cuando hacía casi dos décadas que los estadounidenses tenían prohibido por su gobierno viajar a Cuba. Cuando James Carter tomó el puesto en la Casa Blanca, en 1977, dejó sin efecto esa regulación, y en menos tiempo del que toma llegar en avión a Nueva Gerona – en buena técnica periodística, debería decir, llegar de Key West a La Habana, o algo parecido, pero el redactor carece de experiencia en esa línea--, repito, en cuestión de nada, ya había prensa en Estados Unidos afilándoles los dientes a los aficionados con las potencialidades de Cuba para la pesca recreativa.

Importantes productos de turismo de pesca fueron creados a finales de los años setenta. La calidad y el grado de aceptación por los turistas foráneos superaron con mucho a todo lo que se había logrado en este tipo de oferta antes del año 59. Desde los años treinta había en La Habana algunos guías que sacaban  turistas a pescar la aguja durante la temporada; hubo una pequeña oferta de pesca del sábalo con avíos ligeros, en Batabanó y en la bahía de La Habana. La pesca a mosca tuvo su coto, exclusivo pero no cerrado, por lo poco conocido por la prensa nacional especializada en este deporte, en las aguas en torno a la Isla de Pinos, adonde acudía el pelotero Ted  Williams, de los Medias Rojas de Boston, cuando las Grandes Ligas le daban vacaciones. Y hasta la pesca de la trucha fue incluida en una sorprendente oferta promovida en La Habana en 1940, con destino al mercado norteamericano: la especie fluvial, introducida en el país en 1928, había logrado prosperar lo suficiente en poco más de una década para que pudiera ofrecerse a turistas extranjeros.

De los cuatro torneos de pesca iniciados en 1978, tres fueron marítimos, incluido el del Castero o Blue Marlin, surgido a partir de una sugerencia científica del biólogo Darío Guitart, quien recomendó aprovechar la corrida de los grandes casteros al final del verano, y uno resultó una total novedad para el país, el tope entre cubanos y norteamericanos en la pesca de la trucha en la Laguna del tesoro. A partir de este comienzo, se desarrolló el turismo de pesca cubano, que incrementó ofertas en todo el país.

Un aspecto poco favorable es que buena parte de la operación de este turismo se dio en licencia a agencias extranjeras, las cuales no solo captaron el mercado, realizaron la costosa publicidad e invirtieron en embarcaciones. Ha habido entre ellos quienes se comportan de modo absoluto como dueños, y quien esto escribe se vio privado de realizar sendos reportajes para la revista náutica Bitácora en la cobertura de un torneo marítimo de pesca a mosca y en un enclave hoy sumamente famoso. Y, por supuesto, nadie parece haber concebido hasta hoy la participación de turistas nacionales en este tipo de oferta.

Demos por sentado que hoy ningún pescador aficionado cubano posee la disponibilidad financiera para pagar tres mil o cinco mil dólares por una semana de pesca en tales sitios. De lo extraordinario de las experiencias de pesca que nos perdemos en nuestro propio archipiélago tuvimos constancia entre 2006 y 2010, cuando el Parque Nacional Ciénaga de Zapata permitió la realización en sus áreas de pesca de Las Salinas del certamen de pesca a mosca Zapatafly, como proyecto de educación ambiental para pescadores cubanos, pagando en moneda nacional. Que los ingresos de tales negocios le resultan muy beneficiosos a la economía del país es una suposición que no podemos respaldar con datos, pues nada de tales sitios aparece en la prensa cubana. Nada. No obstante, en laboriosas búsquedas se adquiere noción de su éxito internacional:

¿Sorprendente este interés foráneo? Ni mucho menos: La muy especializada revista estadounidense The Angling Report ha estado tratando el tema de las pesquerías turísticas en Cuba, al menos desde 1991, a pesar de que la actitud de agencias gubernamentales como la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro, que al menos en una ocasión les  recordaron “gélidamente”  que “it is illegal for Americans to go to Cuba.”

En un artículo titulado “Casting Around Cuba”, la revista norteamericana Salt Water Sportman afirmó en su edición de octubre de 1995 que los pescadores deportivos de Estados Unidos estaban listos para venir a Cuba en cuanto se normalizaran las relaciones entre los dos países. Bajo la firma de Dave Vedder, la publicación relata, en una extensión de cinco páginas, la “subrepticia” visita de ocho pescadores aficionados estadounidenses a los Jardines de la Reina, un archipiélago al sur de la provincia de Ciego de Avila.

Muestra del auge que las pesquerías marítimas cubanas de avíos ligeros estaban adquiriendo a la altura del verano de 1998, es el despacho de un importante medio  especializado, el cual señalaba que cierta agencia canadiense era “el más sensible contacto en Cuba para cualquiera en esta parte del mundo” (léase Estados Unidos de América), mientras daba cuenta de que “una compañía italiana está  encabezando esfuerzos para ofrecer allí la pesca de macabí, sábalo y palometa en base a una operación desde un barco madre”. En un correo al editor, el líder de esta última entidad se declaraba satisfecho de los resultados de las operaciones, pues casi el 90 por ciento de la gente que iba a pescar al archipiélago reservaba de inmediato para un viaje de retorno: “Las operaciones van de mejor en mejor”, aseguraba el italiano.

Haciendo uso de libertades periodísticas de su entorno, The Angling Report comentaba en abril de 2002 que Bahía de Cochinos, como llaman a Ciénaga de Zapata, estaba a punto de ser legitimado como un sitio exclusivo para la pesca a mosca, si bien a la hora de nadar sabía guardar cautamente la ropa: “For the record, though, we need to point out that all this talk about Cuba does not mean we are promoting travel there, or suggesting in any way that it is legal for Americans to spend money there. It isn’t, and the crackdown on unlicensed travel is not just continuing but growing in severity. We told you so, ok?” (“Bay of Pigs Update”; http://anglingreport.com/article/1389/). Tan reciente como 2016, la motivación del turismo estadounidense por venir a pescar en  Cuba se mantiene, a pesar de prohibiciones:

El tema de la legalidad de viajar a Cuba todavía se mantiene, a pesar de un breve relajamiento de tensiones:, donde leemos algo como esto: “A week on Avalon Fleet 1 offers arguably the best way to spend a week's fishing anywhere in the world. Combine 7 friends (one other very sadly missed), superb tarpon fishing, knee-knocking permit fishing, fabulous food, service and what felt like 3,000 Cuba Libres each and it is hard to think of anywhere that I would rather have been.” El título no podia ser más provocador para el lector norteamericano: “This is far too much fun to be legal. A Cuban fishing report” (https://cubanfishingcenters.com/a-cuban-fishing-report.php)

El interés no es únicamente norteamericano e italiano, naturalmente. En 2015 saludamos en La Habana al editor en jefe del mensuario francés Voyages de Pêche, señor Julien Lajournade, que había pasado una semana de pesca en el Cabo de San Antonio. Usando equipos de spinning y líneas de hasta 120 libras de resistencia, pescaron allí especies como guasas, pargos, rabirrubias, cuberas, meros y barracudas, todas liberadas, aseguró el colega francés, salvo algunos pargos de suculenta carne. Su reporte fue publicado en el número 112 de Voyages de Pêche, edición correspondiente al bimestre agosto-septiembre de 2015.

Todo eso es muy satisfactorio, pero también lo hemos leído como algo tan distante y ajeno como si nos estuvieran contando de la pesca del taimen en algún río de Siberia. Si nuestro sentido del derecho puede conformarse con prescindir de algo que nos pertenece, dejemos entonces esta conversación. O mejor: advirtamos que es posible hacer algo en este sentido sin caer en debates tremendistas. En primer lugar, existen sitios en el archipiélago cubano donde sería posible crear decentes ofertas de pesca recreativa para turistas nacionales. Las propias ganancias del turismo internacional en esta modalidad deberían tener la obligación moral de financiar este desarrollo.

¿Qué habría que crear una base material para este propósito? Cierto, pero nadie espera comenzar con el lujo de hospedajes flotantes o vida a bordo, ni las carísimas y excelentes lanchas que ofrece hoy día la industria.

Muchísimas personas que residen en localidades litorales podrían ser calificadas para el desarrollo de negocios de turismo de pesca por la vía cuentapropista o de cooperativas no agropecuarias. Digo más, incluso gobiernos locales podrían generar productos de este tipo, disponiendo para ello de los recursos que autoriza la ley. La creación de asociaciones de pescadores, bajo reglas que posibiliten de un modo más transparente la autonomía de personas y colectivos por el bien común, encaminaría no pocos de estos proyectos; estudiarían y pondrían en vigor reglamentos adecuados, intercambiarían experiencias y clientes con clubes y federaciones foráneas, indicarían a científicos empeñados en hacer algo por la pesca recreativa cubana cuáles son los puntos en los que urge trabajar.

Hospedaje, gastronomía, transporte, guiado de pesca con embarcación incluida o sin ella, producción y venta de carnada, alquiler de avíos. Ya hay experiencia cubana para algunas de estas líneas, y talento autóctono para realizar los proyectos, la ejecución y la promoción de los productos. Los hay.

O podemos seguir como estamos, leyendo en internet o en cromadas revistas en inglés, francés e italiano, qué fantástico ese sitio de la geografía cubana donde nunca, nunca, nunca, vas a poner los pies, vas a mojar tus manos. Ni vas a ir a hacer un reportaje, ni por muy profesor y tutor de tesis que seas, vas a poder enviar a tu alumno a comprobar en el terreno aspectos de la realidad a los que está llamado a influir en el futuro, como profesional nacido y criado aquí, en este archipiélago. Nunca. Y si a a algún precavido gestor se le ocurre la idea de invitar a sobresalientes ciudadanos a representarnos como pescadores en tales sitios, créanme que valdría la pena responderles con una palabra más fuerte que “nunca”.