8 – Banco de problema: comercio de avíos

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8 – Banco de problema: comercio de avíos

Flysmael
Administrador
8 – Banco de problema: comercio de avíos

COMPRAR NAILON Y ANZUELO
A puro ejercicio de memoria, podría afirmar que el renglón comercial de los artículos de pesca recreativa ha perdido totalmente su nivel de especialización desde hace más de medio siglo. Antes, La Habana tuvo un puñado de establecimientos –ferreterías o tiendas deportivas- que aprovechaban las páginas de Carteles, Fotos u otras publicaciones que tuvieran entre sus temas el de la pesca a cordel, para dar publicidad a sus ofertas. Podían llamarse Casa Vasallo, Tarín, Zaldo, la Kon Tiki, El Deporte, La Marina, El Faro o el centro de pesca J.C. Higgins que tenía la tienda Sears: cada una de ellas cuidaba tener artículos diferenciados  y aparentemente sus gerentes estaban bastante al tanto de lo que se empleaba en el país para este entretenimiento.
Es probable que durante varios años uno llegara a cualquiera de estos establecimientos, cuando ya habían dejado de ser de propiedad privada, y en su surtido encontrara al menos el nailon de pescar y los buenos anzuelos rusos de varias medidas, y las varas y carretes de igual procedencia que fueron poco apreciados. Todavía a finales de los años '70 el monofilamento de nailon más caro que se adquiría en una tienda no llegaba a costar un peso el centenar de metros, los anzuelos más comunes costarían, creo, alrededor de 10 centavos o menos. Por esta época el aficionado que se inscribía en la modalidad de “Pescador fluvial (y) de costa deportivo”, recibía una “Tarjeta de asignación de artículos de pesca”, que otorgaba la Dirección Provincial de Deportes del poder Popular. Durante la siguiente década cada pescador registrado tenía derecho a comprar una asignación de 300 metros de nailon, 25 anzuelos, 12 carnadas artificiales, 10 quitavueltas, una vara de pescar y un carrete, en el transcurso de un año, según una instrucción de la Dirección Provincial de Comercio Minorista emitida en 1987.
En los noventa las carencias alcanzaron cada renglón necesario en la vida. Los plenos nacionales de la Federación Cubana de Pesca Deportiva mantuvieron en esta etapa expectativa respecto a la solución de las necesidades de avíos de los aficionados: En 1995 lo pusieron en acta: "Se debe continuar luchando por la adquisición de artículos para la pesca que pue-dan ser vendidos a los afiliados a la Federación", y otra vez en 1997: "Tenemos que llegar con un poco de nailon y anzuelos, por lo menos, para los que participan en las competencias municipales".
Un mercado espontáneo, no oculto, sino bastante estable y accesible, funcionaba quién sabe desde cuándo a lo largo del muro del canal de entrada a la bahía de La Habana, en el tramo de la Avenida del Puerto. Todavía está ahí. Ya lo visitaba en 1995 y adquiría allí anzuelos a 50 centavos y nailon de pesca a 25 centavos el metro, que luego comerciaba o cambiaba con un margen de ganancias, en las tierras del arroz del occidente del país.
Probablemente en relación con el auge que el Turismo comienza a experimentar durante la segunda mitad de los noventa, aparecen los primeros establecimientos de venta de avíos de pesca en divisas, que no fueron tantos. Por la proximidad al barrio de residencia, el más visitado fue el de la Marina Hemingway, que por muchos años fue el lugar de adquirir anzuelos y nailon al por menor y un poco más. Una anotación de 1999 nos informa: “Había de nailon 38 libras de resistencia a la tracción, de color blanco. De 25 libras color naranja, de 72 libras azul, de 15 libras, carmelita, y de 12 libras en madejas. Los precios de venta eran de 0.50 el metro para los calibres 38 y 72, y de 0.40 para 25, 15 y 12.” A partir de 2005 o poco antes, en la tienda de la Marina se podía a adquirir bobinas de monofilamento de nailon en las resistencias # 24 (5 160 m, 48.60 cuc), # 15 (8 800 m, 40.50 cuc) y # 12 (11 300 m, 38.60 cuc). Ahí adquirimos la primera caña a mosca, una Tterson 7wt, aunque no había carrete de esta modalidad.
Hubo una nueva tienda, en Calle 20 e/ Primera y Tercera, Miramar, que estuvo muy activa y con un surtido mejor concebido por un tiempo considerable, luego tuvo un cambio de ubicación y finalmente los surtidos fueron desconcentrados a varias tiendas en divisas de la ciudad, entre ellas el mercado de Quinta y 98, Playa. El mejor de todos los intentos por crear una oferta coherente de artículos de pesca fue la red de ferreterías náuticas creada en 2003 por una acuerdo entre e la entidad local Cubanacán Náutica y  la compañía Cebansa, del País Vasco. Los primeros establecimientos fueron abiertos en los poblados de Cabañas y Surgidero de Batabanó, y según una nota que redactamos para la revista Sol y Son, la red comercial “se extenderá de manera paulatina a todo el país, donde cuentan con atraer principalmente al inexplorado mercado de los aficionados a la pesca recreativa y competir con una oferta más accesible para el abasto de las flotas de pesca comercial. Las ciudades de Artemisa y Trinidad se perfilan como los puntos más inmediatos de extensión de la nueva red comercial cubana, de acuerdo con los estimados de empresarios involucrados.”
Más tarde la carencia se echa a ver en menor medida, en la etapa en que comenzaron a ser más frecuentes las relaciones de los cubanos con los familiares y amigos residentes fuera del país, pero un mercado estable de estos artículos es todavía  inexistente. Un enfoque integral de este tema mostraría que no sólo es posible alcanzar un nivel de importaciones que respondiera a la demanda, simplemente con un mejor conocimiento de las necesidades de los pescadores aficionados del país por modalidad de pesca y por temporada anual.
También es casi obvio que un surtido apreciable de componentes de los aparejos de pesca y de accesorios pueden ser resueltos artesanalmente: los demandados carretes o yoyos de pesca a mano, varas de caña brava, alambradas, presillas, variados modelos de señuelos para el mar y las aguas interiores y etcétera, un etcétera amplio (una lista casi completa, de dos cuartillas escritas a máquina, la redactamos en una ocasión, pero la perdimos).
¿En los avíos de pesca concluyen las potencialidades de este rubro? Habría que hablar largo y tendido de las diversas carnadas, cuya solución es en algunos casos un acto de agresión al medio ambiente. Y entrar en el terreno de los servicios: transporte, para no caer en manos de un taxista que quiere recargarle 20 cuc a un amigo extranjero, por entrar un kilómetro hasta la proximidad de un embalse, después de haberle cobrado 100 por el viaje redondo. Hospedaje, pues de qué otro modo iremos a conocer pesqueros en otras provincias; alquiler de embarcaciones...
En todas estas demandas hallaremos que una intención ordenada encontrará posibilidades de creación de empleos, de nuevas modalidades de cuentapropismo, lo mismo en la venta de artículos legalmente importados que de creaciones artesanales, que en los servicios anotados o en el guiado de pesca, que quién no agradecería le ayudaran a ahorrar tiempo, a cambio de una tarifa razonable y lo más parecida posible al poder adquisitivo real del país, cuando va a pescar a un lugar que no ha conocido antes.
¡Cuánto hay que cambiar! Un enfoque realista hallará que algunos embalses de mayor o menor tamaño brindarían mejor servicio si  se entendiera que la oferta de pescar recreativa es un uso útil, y qué sorpresa cuando se ha visto que la Ley 124/2017 “De las aguas terrestres”, considera en su  Sección Segunda, Artículo 46.1, inciso h, el uso recreativo de las aguas terrestres; en último lugar de prioridad, sí, pero  qué capacidad de ver lo que en tantos años no fue sino exclusión. Y qué inteligente acción sería recordar que hubo en un tiempo algunos embalses donde podía alquilarse un bote y pasear o irse de pesca. ¡Vaya modo normal de entender las cosas! Si fue el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos el autor de esta inclusión, dígales alguien que le agradecemos en particular por ello, cuando ya hay bastante para tomar en cuenta la labor de sus especialistas en el seguimiento de la disponibilidad de agua en el país. Y pensar que durante tantísimos años ni siquiera nos dábamos cuenta de la autoridad que correspondía a este organismo, porque éramos muy jóvenes y cada vez que surgía algún asunto acerca de una represa, solíamos decir: “No, porque la Pesca...”, así con mayúsculas.